Etiqueta: poesía

  • No ver

    Mirarás de nuevo esa imagen que te habló una sola vez en la misma lengua de tu violencia 

    Cerrarás tus ojos, empuñarás la tierra de debajo tuyo e inventarás un nuevo gesto: El de la ira mezclada con la fortuna 

    Se te concederá ver el atardecer 

    Se presentará distinto: insoportable

    Otro lenguaje entra a encandelillarte el ojo mordaz que has creído tener 

    Que has jugado a poseer.

    Estás perdido por primera vez.

    Toma tu buen augurio ahora. 

  • Salsa Oscura

    Qué es ese género. No sé. Pero se me vino a la cabeza cuando pensé que quería escuchar salsa, pero también escribir, y la salsa que tiene un ambiente muy chillón no me deja estar a solas.

    ¿Es posible que haya música que deje estar solo? ¿Que no ambiente tanto como sí acompañe?

    Mientras escribo pienso que sí, seguro escribir se irá volviendo algo que también dejemos de hacer, para ahorrarnos este tiempo y entregarlo a algo más productivo, más beneficioso.

    Quién lee hoy, qué se lee. Quién escribe y para quién.

    Qué es la salsa oscura. No sé. Solo se me ocurrió que sí podría ser tibio, ameno, escribir con salsa oscura.

    Sentí hace un rato una felicidad plácida cuando pensé que leería con entrega, de nuevo.

    Vamos a traer acá una lectura, oscura, como la salsa oscura, algo que nunca he leído antes. Aquí va: No. Antes de que va, ¿Cómo se encuentra lo que no se conoce si no es por el accidente? si no es, tropezándose con eso, enredándose, perdiéndose, como en la salsa oscura. La salsa oscura también se encuentra deambulando un rato por letras y música que pretenden ser algo, y ahí no es. Casi nunca. Seguramente a veces sí. Taxi, de Héctor Lavoe, me imaginé encontrando una nueva o un nuevo poeta caminando, o yendo hacia otro lugar. ¿Y si uno va hacia este lugar? ¿Y si uno viene?

    Sí…Por eso volviendo a qué sentido tiene escribir, o leer, entonces también la pregunta es: qué sentido tiene buscar ahora. Si se busca en un algoritmo. Qué es un algoritmo. Un resumen multiplicado al millón. No sé. También yo soy perezosa y no quiero pensar.

    Hay canciones que tienen algo de salsa oscura pero no el fondo. Como Rompe Saraguey, otra vez de Héctor Lavoe.

    De dónde es Héctor Lavoe. Es de Puerto Rico. Murió en Manhattan. Qué pasaría si uno le presta atención de forma concentrada a algo. Qué pasa.

    Suena Louie Ramírez. Canta en inglés. Es una mierda de canción la que suena. Se llama It’s not what you say. Estamos attached a la IA.
    Imagino. Voy a nadar lejos …. Voy a volver a lo único que he creído hasta ahora que es la salsa oscura. Que además no sé mucho sobre Héctor Lavoe.

    Al álbum más viejo que encuentre…No quiero que nadie llore si yo me muero mañana. La voz de Héctor es oscura y cercana, la siento cerca.

    Es miedosa. Podría ser la canción que suena mientras la muerte llega.
    Me gusta su voz.
    Suena a esta atrocidad en la que vivimos en Colombia, en donde jugamos a reconciliarnos, en medio todavía de un sangrero de muertos descompuestos, y trabajamos sin mucho descanso para encontrar un pedacito de hueso, un rastro de alguna confesión que vomite algún matón enculpado. Si alguien en mi trabajo leyera mi blog, sería escandaloso, yo no serviría para este trabajo entonces.

    Sí creo en esa ficción, me parece menester la laboriosidad, y el jalonazo, laboriosidad, y jalonazo. Que sangre, que descanse en la mentira, que se tensione, y así.

    Te conozco bacalao aunque venga’ disfrazao.

    Interrumpe otro movimiento de las cosas. Salirse con la perra.

    Salirse con la perra podría ser una expresión que remplace mejor ‘salirse con la suya’. En ese caso la suya sería la perra. ¿La suya es la perra?

    No sé. En todo caso si me salí con la perra. Y entonces pensé en hartas cosas, me gusta las caminatas de noche con la perra. Me acompañan el pensamiento. Pensé en la vida y en eso de ‘es solo una’, y algo así como el camino hacia la muerte debe ser con la curiosidad en la dignidad. Una cosa parecida a la creación, a encargarse de la sinceridad, por esto de tantas mentiras que queremos decirnos para evitar asumir la terrible verdad de un cuerpo con palabra que hace cosas y que habla y entonces todo puede pasar. Pero realmente no sé… En un momento entonces sentí fugazmente que no era tan importante tener una vida, y luego me dije que eso era mentira, que cómo no si era lo único que se tiene. El problema acá es que no sabemos nada. El problema. No el inconveniente, ni la dificultad sino el problema en lo que significa un problema.

    Todo este pensamiento lo ocupó ese salto de la salsa oscura a salirse con la perra. Ahora volví acá a este texto pero ya no suena la salsa negra ni la búsqueda de la salsa negra. Suenan grillos, motores de motocicletas que aceleran bruscamente, motor de camión, de carros que se van disipando después de que cruzan el frente de mi casa. Entra el frío del invierno de una ciudad caliente en la que llovizna y llueve todo el día. La luz está apagada, afuera es oscuro porque es de noche.

    Me pregunto a dónde más podríamos llevar este texto, podríamos quiénes.
    ¿Siento que estoy escribiendo con alguien más? Tengo fe. Es eso.
    Si yo de verdad me convenciera que nadie me leerá este texto ¿nacería?
    Yo sé que no lo verá necesariamente más de una persona pero por alguna razón creo que quizá una persona lo leería. ¿A eso me refiero con podríamos?
    Ahora pienso porque vino a mi cabeza que me refiero a mí solamente.
    Podríamos….Como dos partes de mí que percibo como la que jalona a la escritura la que no….Es estúpido. No estoy segura que sea eso.

    Hace un día hablaba por whatsapp con una ex profesora de la universidad que ahora es mi amiga. Hablábamos de varias cosas, entre esas hablamos de la trascendencia buscada en un hombre y en una mujer. No sé. Ahora me pregunto qué pienso yo de la trascendencia. Confieso que he imaginado cómo alguien muchísimos años después de mi muerte pudiera acceder a este blog que nunca fue muy consultado mientras viví y lee las cosas sencillas que están acá. También he imaginado que personas que no conozco mientras estoy viva por alguna razón llegan a este blog y leen lo que yo escribo, esto último me parece un secreto que tendríamos quienes queremos todavía creer que la escritura y la lectura son de una belleza de otro orden. Esa montaña en otro lado que no juega el juego. Frente a lo primero que dije sobre la confesión de imaginar preguntándome si sería posible que alguien alguna vez muchos años después de mi muerte pudiera leer estas palabras me siento burlada por mí cuando lo confieso, es una pregunta desde una fantasía adolescente, o común. La comunidad de la trascendencia. Jaja.
    Pero qué importa. En todo caso siempre veo que todo el mundo digital de internet es un botadero de basura y basura, me imagino también que algunas cosas se eliminarán con los años porque no habrá espacio para tanto. Pero yo no sé de la nube digital, no sé si eso puede ocurrir.
    No, esta curiosidad mía no parte de una fantasía adolescente. Tiene que ver con la curiosidad de mi mortalidad, el impulso de querer imaginar y saber qué podría venir después de que se deja de vivir, qué ocurre después de perder todo lo que uno tiene que es la vida.

    Me di cuenta que jamás en este blog escribí a modo de diario como este texto sí lo es. Siento que esperé en esta pausa que acabo de hacer, esperé un consuelo, una resolución, una idea para cerrar este texto, también una enseñanza para este momento de mi vida, alguna revelación conclusa. El desconsuelo es el mejor cierre. Ese No. Ese rechazo al juego es lo erótico. Salirse de ese nado agotador. Llegar aquí.

  • Vesubio en casa

    Las paredes de mi cueva están ardiendo
    Astillas rojas encendidas lloviznan,
    hace calor, pero estoy encerrada
    Esta vez mi carne estorba con determinación
    Siento que late el nervio de esta pared
    Y se hincha:  ser vesubio dentro de sí ha sido destino, morir devastado desde dentro, cuánta muerte aguardó

  • Unas momias sofisticadas

    Veo una plasta de kilos de carne, astillas de huesos que sobresalen, pelos, ojos, manos, dientes morado-blancuzcos, gigantes
    Veo una inundación de poses quietas, entremezcladas,
    se repite, luego empieza una serie de plasta que parece diferenciarse del otro cuadrante de plasta
    la variación es otra pose más dentro del conjunto,
    también estoy yo acá
    escribiendo aplastada por la plasta, siendo la plasta,
    soy el vómito yo también
    esta noche yo sé quién soy.

  • Época de mierda

    Vivo en una época de mierda
    seguramente esto lo dijo alguien siempre
    Yo vivo en una época de mierda.

    Y son solo instantes apenas en los que abro mis ojos
    mi cuerpo solo siente en fragmentos
    son somnolencias
    las más lúcidas
    me muestran que vivo en una época de mierda

    El resto del tiempo soy una imbécil.

    Estoy idiotizada como tú
    embrutecida
    mi vida se trata de jalar
    otras veces de no resistir
    y luego volver a jalar,
    y en ese pujo, venir acá
    y parir unas palabras

  • Del instante de lo infinito

    El vacío es

    Este paso que doy ahora

    no va a pasar

    está ocurriendo

    por eso siento

    la caída

    por dentro

    Hola vacío

    tan temido

    No sabía

    que estaba ahora mismo

    aquí

    El espanto

    Será mi calma,

    Mi alivio

    Un suelo

    Al fin

    Lo que temo es estar cayendo

    No la caída

    Si siento el vacío es porque ya di el salto

  • El propio apocalipsis

    El llamado: Los ángeles tocando las trompetas. Es hora de no resistirse al propio apocalipsis, es decir, a la propia grandeza. Vacío, infierno, eterno.

  • Sobre la muerte del ojo – 1.

    En diciembre del año 2021 un hombre que murió hace un par de meses me regaló un libro en el que escribió una dedicatoria que en una de sus líneas decía:


    «Anoche conversamos sobre lo importante que es la visión en tu vida»

    ¡Qué responsabilidad ese reconocimiento! ¿qué le quise decir al otro? ¿qué le quise mostrar?

    Es que poner el ojo y la palabra en algo particular es un exigirse ser.

    Más o menos declararse perdido.

    Hoy padezco el dolor de no ver el cuerpo vivo de otro y adolezco no haber visto que él se estaba yendo, ¿cómo queda mi ojo? ¿qué tan importante, verdaderamente, ha sido la visión en mi vida?

    La culpa moralita siempre es el camino más fácil (aunque bastante sufrible) para evitar examinar con atención cuál es el lugar propio del conflicto.

    Mi culpa hoy es la de haberme visto para otro como una persona para quien la visión es muy importante. No la culpa de haber evitado algo, no la de haber descubierto que el otro iba a morir. Pensar que yo tenía ese poder sería más culposo.

    Dijo un día la psicoanalista adonde voy «¡qué ojo más afilado!» refiriéndose a alguna tendencia media inconsciente de resultar en ciertos embrollos.

    El ojo siempre está apuntando a algún lado. ¿El ojo siempre dispara?

    Algo tiene que morir cuando es mirado.

    Ay del ojo que se fija siempre en lo mismo, que vuelve, mira de nuevo. Ojo desorbitado.

    Él, hoy muerto, me regaló un libro sobre los ojos, el libro que burla mis ojos.

    Aquí la primera cosa que dice:

    Abrir los ojos. Abrirlos y ver como nunca antes habíamos visto
    Era como haber sido ciegos o casi ciegas o haber tenido los ojos dañados sin saberlo, como haber sido nada más que un montón de manos envolviendo fruta o pescado o martillando clavos y teclas, nada más que hombros sosteniendo carteras, cargando bolsas, mochilas y muchos, demasiados pies y piernas subiendo y bajando escaleras, músculos adoloridos, espaldas magulladas, cuerpos adormilados en vagones de metro y en micros infinitas; haber sido carne molida, sangre seca, voluntades apagadas con pastillas para dormir y despertar y seguir trabajando a ojos cerrados. Hasta que un terrible dolor nos sacudió.
    ABRE LOS OJOS.

    Lina Meruane – Zona Ciega.

    El último fin de semana que pasé con él me vio a mis ojos concentrado y dijo:

    «Se ve el sol en tus ojos. Son muy oscuros, pero la luz del sol me los deja ver ahora en detalle. Ya no son negros.»

    Luego nos dimos un beso largo y rico. Después comimos frijoles.

    No ver lo que otro oculta siempre va a dar espacio a una recriminación.
    ¡Por qué no lo noté! como si el encuentro con el otro no tuviera un límite, un secreto siempre. Como si no necesitara de una luz de afuera. La cercanía además de encuentro con el cuerpo de otro es encontrarse con lo insobrepasable.

    ¿Y el abrazo? el abrazo es lo más real. Un cuerpo tiene la sensación del volumen del otro, ambos se estrechan y a la vez cada uno es para el otro el límite insobrepasable. Se usa la expresión, «fundirse en un abrazo», pero eso no sucede. Cuando el acontecimiento se precipita en abrazo fulgura el instante mágico de una reciprocidad, que no perdura, porque en lo no dicho del abrazo está todo lo que separa: la imposible conjunción de los goces. De ahí las infinitas desgracias del amor cuando se sueña que dos hacen uno.
    Carmen González, Abrir el juego – del decir de Lacan.

    Digamos que pensar en la mirada también significa contar con el punto ciego, con lo que es imposible de ver. Los intentos por acercarse al punto ciego son esenciales, ¿qué seríamos sin la procura por ver lo que no se puede ver? es decir, qué haríamos sin la esperanza, sin el impulso.
    Y sin embargo, siempre hay que reconocer con respeto lo que nunca sería posible ver si no es porque el otro lo ponga a nuestra vista.

    Reconoce la soberanía del otro cuerpo para que no te quedes sin ojos.

    Llega un momento en el que el intento por mirar debe detenerse.
    Sí.
    Buscar lo que otro no muestra puede dejarnos sin ojos.

    Cuando yo tenía 13 años me hospitalizaron por Dengue hemorrágico. Me picó el Aedes Aegypti mientras estaba en la Normal Superior de Villavicencio. En la época de Saludcoop me dejaron avanzar el dengue clásico hasta que ya no pude caminar, mi madre armó un escándalo y solo entonces me internaron.

    En mis días profetizados por un médico costeño como Los Últimos, comenzaron a reventarse mis vasos sanguíneos, puntos rojos por todo el cuerpo, sangre saliendo de a poco, pero sobre todo: en el ojo izquierdo.

    Dijo el médico susurrando a mi mamá, como para que yo no escuchara: «Señora, si usted cree en Dios, pídale que haga un milagro, porque ella ya se nos va, es imposible hacer transfusión de sangre. No podemos hacer nada más».

    Mi mamá solo lloraba. Yo tenía los ojos cerrados y estaba inmóvil porque me habían dicho que no podía ni rascarme o moriría desangrada, sin embargo, me parecía un chisme todo. Yo no sentía que iba a morir, pensaba más bien que estaba viendo una escena en la que veía mi cuerpo como otro del que hablaban y lloraban pero que no correspondía al mío. Que se sentía tan vivo y obligadamente quieto.


    ¿Se sentirá así estar muriendo?

    Sobreviví. Conmigo se quedó para siempre una mancha roja de mi ojo de 13 años reventándose. Hay personas que me conocen y me dicen «tiene una manchita en el ojo» y yo siento que es una victoria tener el ojo con la mancha porque me parece que hubiera sido triste que el ojo se me hubiera desangrado y que la profecía del médico costeño hubiera sido cierta.

    Alexander me dijo ¿qué es esa manchita que tienes en el ojo? ¿un lunar? yo le conté esta historia. Y él solo me miraba mucho, muy impresionado, y me dijo «esta muchachita».

    Tengo cansancio. Pero seguiré hablando de los ojos que no mueren.

  • Enseñanzas de un Cristo

    El sentido de vivir es este

    escribir

    pensar

    hablar

    sobre la muerte

    gracias a que vivo

    ¿quién podrá ver que la vida sucede ahora?

    ¿Habrá uno? ¿habrá solo uno que no sea imbécil?

    dijo Cristo.

  • Me siento otro animal

    Hoy en la ducha pensé en los animales, en su fortuna de no tener este lenguaje
    que hace pensar, que hace sobre todo esperar
    que no entiende cuando el otro ya no puede decir palabra
    que no entiende cuando ya una no puede decirle palabra al otro
    cuando su cuerpo muere.

    Haber sido puesto en el mundo con este lenguaje hace que el azar sea todo el tiempo
    una latencia.

    Soy un animal atrapado en un cuarto de ducha con los vidrios empañados
    me lavo el cuerpo y espero
    una palabra
    de no sé dónde