Cuando no sé cómo empezar el título de un texto le pongo la fecha como nombre. Tal vez la respuesta ante una solicitud de certeza siempre sea el tiempo de la civilización. Ese es, en principio, el primer paso que se pisa para tocar el suelo primero, sea que luego nos desprendamos del suelo, siempre siempre hay que dar el primer paso a lo conocido. ¿O podríamos empezar, verdaderamente «de cero», como dicen?
No. Empezar de cero es empezar desde un origen bien conocido, desde una referencia global, es empezar desde una pose de la incerteza, al fin y al cabo: un paquete armado sobre los «nuevos comienzos», vende un fresquito, un entusiasmo bien forrado en la esperanza ilusoria de encontrarse blanco como un copito de nieve, como la luz absoluta y cierta que nadie ha visto alguna vez.
Podríamos empezar entonces despegados.
Cómo…
El momento del nacimiento fue el momento de empezar despegados. Pero solo el instante que pudo haber durado el desprendimiento del cordón umbilical del cuerpo de la madre. ¿Cuándo finalizó ese instante? ¿Cuándo acabó ese desprendimiento? ¿Sigue acaso? ¿Acabará el día de la muerte?
Siempre he intuido que estar viva es estar cayendo.
¿Esa caída es el instante que dura el desprendimiento del cordón umbilical del cuerpo de la madre?
El problema es el convencimiento de haber caído en el mundo.
¡Ay! esa conclusión. Vicio humano nefasto. Buscar una conclusión es lo más estúpido que aprendimos a hacer con la angustia.
Siente la angustia de estar en caída…. Acepta que por el resto de tu vida estarás cayendo. Qué delicia.
Sé que el totazo de la vida cotidiana nos obliga a solucionar, a concluir. Yo concluyo, tú concluyes, él concluye, ella concluye, eso concluye.
Lo único que concluye es la muerte,
y también la civilización,
Yo como tú necesito conclusión, sí o no,
ya o mañana,
tiempo, hora, cumplimiento, obligación.
Solo acuérdate de lo que trata la domesticación
observa con contundente fuerza lo burdo.
Y recuerda que la belleza es no concluir
aproximarse con inquietud al punto final
permitirse la angustia mayor
la del asombro al ver cómo se derrumba un punto.
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