Autor: Jessica Alejandra Barrero Castellanos

  • Después del punto final comienzas

    Cuando no sé cómo empezar el título de un texto le pongo la fecha como nombre. Tal vez la respuesta ante una solicitud de certeza siempre sea el tiempo de la civilización. Ese es, en principio, el primer paso que se pisa para tocar el suelo primero, sea que luego nos desprendamos del suelo, siempre siempre hay que dar el primer paso a lo conocido. ¿O podríamos empezar, verdaderamente «de cero», como dicen?

    No. Empezar de cero es empezar desde un origen bien conocido, desde una referencia global, es empezar desde una pose de la incerteza, al fin y al cabo: un paquete armado sobre los «nuevos comienzos», vende un fresquito, un entusiasmo bien forrado en la esperanza ilusoria de encontrarse blanco como un copito de nieve, como la luz absoluta y cierta que nadie ha visto alguna vez.

    Podríamos empezar entonces despegados.

    Cómo…

    El momento del nacimiento fue el momento de empezar despegados. Pero solo el instante que pudo haber durado el desprendimiento del cordón umbilical del cuerpo de la madre. ¿Cuándo finalizó ese instante? ¿Cuándo acabó ese desprendimiento? ¿Sigue acaso? ¿Acabará el día de la muerte?

    Siempre he intuido que estar viva es estar cayendo.

    ¿Esa caída es el instante que dura el desprendimiento del cordón umbilical del cuerpo de la madre?

    El problema es el convencimiento de haber caído en el mundo.

    ¡Ay! esa conclusión. Vicio humano nefasto. Buscar una conclusión es lo más estúpido que aprendimos a hacer con la angustia.

    Siente la angustia de estar en caída…. Acepta que por el resto de tu vida estarás cayendo. Qué delicia.

    Sé que el totazo de la vida cotidiana nos obliga a solucionar, a concluir. Yo concluyo, tú concluyes, él concluye, ella concluye, eso concluye.

    Lo único que concluye es la muerte,

    y también la civilización,

    Yo como tú necesito conclusión, sí o no,

    ya o mañana,

    tiempo, hora, cumplimiento, obligación.

    Solo acuérdate de lo que trata la domesticación

    observa con contundente fuerza lo burdo.

    Y recuerda que la belleza es no concluir

    aproximarse con inquietud al punto final

    permitirse la angustia mayor

    la del asombro al ver cómo se derrumba un punto.

  • Parece que me gusta Fito Páez.

    Porque yo no tengo mapa en este mundo.

  • Un adiós

    El instante en el que no sabemos qué se desenvolverá es el instante de la muerte. Solo podemos imaginarnos la terrible posibilidad borrosa como un sueño sin rostro. Qué pasará cuando muera, el instante en el que mi cuerpo sea encontrado, qué pasará, apenas atisbo una esquina de la escena la negrura infinita me abraza.

  • Pena

    Pena

    Descubrí hace días un artista, canta autor uruguayo llamado Gustavo Pena, le decían y se decía «El príncipe». Dibujaba también. Gustavo Pena apareció en un momento profundamente triste. Me parecía que me hablaba a mí. Como todo encuentro que irrumpe cuando uno todavía quiere creer que algo le puede levantar el ánimo. Como si el ánimo se pudiese levantar. Levantar el ánimo, animarse, la esperanza. Aprendimos esa línea como la línea irremediable de la tristeza…Como si tuviera objetivo y el objetivo fuera aprender algo, o sentir esperanza, o sentir que no estamos solos.

    Paro la música de Gustavo Pena porque ya la encontré ahora muy pedagógica, dice una canción que sonaba animosa «consíguete alguien para ver las estreshas», etc.

    Ahora suena a lo lejos motores, más cerca ranas diciendo algo así como «pui pui», grillos, chicharras que cantan constante, y graznidos de las garzas que van llegando a esta hora a los árboles a dormir. Al final, me gusta que esto pueda oírlo en esta ciudad pequeña, que acostumbramos a humillar por corrupta, sin agua constante a pesar de tantos ríos, y que «no tiene mucho para ofrecer en materia cultural». Reproche que también reproduje yo por muchos años, pero ya soy una adulta que decidió vivir acá. Ya disfruto las bondades de las seis de la tarde y envío derechos de petición cada semana para participar como es deber al ser una ciudadana.

    Además una ciudad, un pueblo, no tiene que ofrecerle nada a nadie. La pregunta es nosotros qué mierdas hicimos o hacemos para echar a andar este sitio. Cada vez más infantes, cada vez menos ciudadanos. Es lo mismo. Entre más adultos infantiles menos ciudadanos somos. Una absoluta vergüenza.

    Barthes en sus disertaciones, en sus frases lanzadas, en sus fragmentos, aforismos, acude a jugar otro juego en el lenguaje. Ese juego duele mucho hoy. No permite avanzar ni alcanzar algo. También diríamos que impide los cierres. No deja concluir algo que sea afín con las grandes conclusiones de nuestra actualidad. Tal vez no dejaría concluir que el amor es una lista de comportamientos coherentes.

    El amor….. y la incoherencia. Yo soy fuerte y soy una frágil en lo que respecta al amor. El amor cada vez más me apaga más…. Claro que lo que me apaga es de celebrar. Me apaga la esperanza concluyente. Que significa que me apaga los cierres, las conclusiones esperanzadoras, la moral que califica todo pensamiento, todo devaneo como aprendizaje, que empuja a ubicarse, a tomar lugar, un lugar que haga algo, que sea la secuencia de otra cosa extraordinaria, el fin siempre el entusiasmo.

    La hora de no entusiasmarse es una hora buena. Para qué el entusiasmo ¿Por qué? Y el amor es errático…. Es incoherente, y nos hunde junto con toda la miseria que traemos de nuestra historia de lamentos.

    Sí, soy miserable. Soy muy miserable. Mi vida ha sido un continuo ardor que soporto y arrastro únicamente escribiendo.

  • Agujerear la estridencia

    En cada instante hay alguien que se pronuncia, que necesita mostrarle al mundo que está ahí. Y que tiene algo para decir, para afirmar(se).

    En esta gran fuerza actual, ¿Cómo no ser tragados por esta compulsión ó cómo no resultar en un silencio y parálisis?

    Agujerear un afuera ha sido la decisión política e imaginativa de personas y grupos. Tal vez de los anarquistas, pero también de las mujeres. Y del psicoanálisis. Sí, selecciono lo que más me ha interesado y no todo lo que podría caber dentro de esa gran generalidad que he mencionado. 

    Maria Milagros Rivera, feminista chilena de la diferencia sexual, en su  libro ‘Julia, quiero que seas feliz’ nos introduce a lo que el feminismo de la diferencia sexual y las ‘feministas lúcidas’ abren como posibilidad en el lenguaje pero también en la incitación a la vida vivida como un más allá, un afuera, un agujero que no es un punto aparte de la derrotada civilización hecha a medida de los hombres; es un más allá de, un sitio no cubierto por la sombra totalizante del referente.

    Si la mujer que ha dado a luz a la gran potencia del lenguaje no creyera en un más allá, en la realidad que se puede agujerear y que empieza con la palabra gestada dentro de sí y la palabra parida, dada toda hacia afuera, con todo y el terror de ser una madre, una madre para su creación y para el mundo, porque una madre nunca es para ella sola ni para su hijo o hija, es madre para el mundo. La mujer crea y ama desde su potencia de ser madre pues el poder de concebir una vida dentro suyo es una potencia actuante mientras vive, sin importar si tiene un hijos o hijas.

    El erotismo que puede irrumpir en medio de este ruido insoportable, enloquecedor y  asesino de la paciencia  vendrá de la boca de las mujeres. Las muertas y las vivas.

  • Enrollarse

    El enrollamiento empieza justo cuando admito que mi enojo no es ninguna amargura

    No es ninguna perspectiva

    No se despliega para ser recogido.

    Observa con contundencia y nombra

    Lo que existe.

    En el principio la palabra fue enojo,

    Y se hicieron todas las cosas.

  • ¿Volveremos a pensar un pensamiento?

    ¿Volveremos a pensar un pensamiento?

    Siempre es más interesante sanar el hongo de otro.

    Una uña malherida, de la que nadie habla, nadie se acuerda, excepto la mirada no solo escandalizada de otro sino su intención, su interés por hacer una obra con el hongo: matarlo.

    La primera cucaracha que vi cuando me mudé a mi casa era blanca. Qué ridículo. Les temo demasiado y me pueden amargar el día entero, me ponen mal. Un reproche severo es para mí ver una cucaracha.

    Para escribir se necesitan mucho más que las palabras.

    Patti Smith no solo tuvo las palabras, también tuvo la oración, los sonidos, la composición y un arrojo brutal.

    Se entregó.

    Es para mí un milagro ver a una mujer que Se entrega.

    ¿En un mundo así?

    Recuerdo el dedo gordo, tan jodido por la vida. ¿Qué pasa con ese dedo gordo? ¿Ah? ¿Qué pasa? El hongo, su significado, el símbolo que representa, y en adelante cada minucia despedazada en pensamientos incisivos.

    Una espada malusada.

    La reina de espadas solo tiene una.

    En cambio aquel imbécil que soy yo también, que se roba un montón, y las agarra mal, y se mofa.

    Hay una contundencia en mi supuración, aun cuando gotea durante días y no ocurre de inmediato y para siempre.

    Patti Smith.

    Dice ella Pastime Paradise.

    Yo digo porqué necesitamos leer la letra de la canción antes de oírla.

    ¿Volveremos a pensar un pensamiento?

    Un pensamiento es como descansar sobre una roca enorme y cómoda.

    ¿El pensamiento de ahora descansa sobre algo?

    Siempre está persiguiendo.

    Yo tuve miedo un día, y después muchos días.

  • No ver

    Mirarás de nuevo esa imagen que te habló una sola vez en la misma lengua de tu violencia 

    Cerrarás tus ojos, empuñarás la tierra de debajo tuyo e inventarás un nuevo gesto: El de la ira mezclada con la fortuna 

    Se te concederá ver el atardecer 

    Se presentará distinto: insoportable

    Otro lenguaje entra a encandelillarte el ojo mordaz que has creído tener 

    Que has jugado a poseer.

    Estás perdido por primera vez.

    Toma tu buen augurio ahora. 

  • Salsa Oscura

    Qué es ese género. No sé. Pero se me vino a la cabeza cuando pensé que quería escuchar salsa, pero también escribir, y la salsa que tiene un ambiente muy chillón no me deja estar a solas.

    ¿Es posible que haya música que deje estar solo? ¿Que no ambiente tanto como sí acompañe?

    Mientras escribo pienso que sí, seguro escribir se irá volviendo algo que también dejemos de hacer, para ahorrarnos este tiempo y entregarlo a algo más productivo, más beneficioso.

    Quién lee hoy, qué se lee. Quién escribe y para quién.

    Qué es la salsa oscura. No sé. Solo se me ocurrió que sí podría ser tibio, ameno, escribir con salsa oscura.

    Sentí hace un rato una felicidad plácida cuando pensé que leería con entrega, de nuevo.

    Vamos a traer acá una lectura, oscura, como la salsa oscura, algo que nunca he leído antes. Aquí va: No. Antes de que va, ¿Cómo se encuentra lo que no se conoce si no es por el accidente? si no es, tropezándose con eso, enredándose, perdiéndose, como en la salsa oscura. La salsa oscura también se encuentra deambulando un rato por letras y música que pretenden ser algo, y ahí no es. Casi nunca. Seguramente a veces sí. Taxi, de Héctor Lavoe, me imaginé encontrando una nueva o un nuevo poeta caminando, o yendo hacia otro lugar. ¿Y si uno va hacia este lugar? ¿Y si uno viene?

    Sí…Por eso volviendo a qué sentido tiene escribir, o leer, entonces también la pregunta es: qué sentido tiene buscar ahora. Si se busca en un algoritmo. Qué es un algoritmo. Un resumen multiplicado al millón. No sé. También yo soy perezosa y no quiero pensar.

    Hay canciones que tienen algo de salsa oscura pero no el fondo. Como Rompe Saraguey, otra vez de Héctor Lavoe.

    De dónde es Héctor Lavoe. Es de Puerto Rico. Murió en Manhattan. Qué pasaría si uno le presta atención de forma concentrada a algo. Qué pasa.

    Suena Louie Ramírez. Canta en inglés. Es una mierda de canción la que suena. Se llama It’s not what you say. Estamos attached a la IA.
    Imagino. Voy a nadar lejos …. Voy a volver a lo único que he creído hasta ahora que es la salsa oscura. Que además no sé mucho sobre Héctor Lavoe.

    Al álbum más viejo que encuentre…No quiero que nadie llore si yo me muero mañana. La voz de Héctor es oscura y cercana, la siento cerca.

    Es miedosa. Podría ser la canción que suena mientras la muerte llega.
    Me gusta su voz.
    Suena a esta atrocidad en la que vivimos en Colombia, en donde jugamos a reconciliarnos, en medio todavía de un sangrero de muertos descompuestos, y trabajamos sin mucho descanso para encontrar un pedacito de hueso, un rastro de alguna confesión que vomite algún matón enculpado. Si alguien en mi trabajo leyera mi blog, sería escandaloso, yo no serviría para este trabajo entonces.

    Sí creo en esa ficción, me parece menester la laboriosidad, y el jalonazo, laboriosidad, y jalonazo. Que sangre, que descanse en la mentira, que se tensione, y así.

    Te conozco bacalao aunque venga’ disfrazao.

    Interrumpe otro movimiento de las cosas. Salirse con la perra.

    Salirse con la perra podría ser una expresión que remplace mejor ‘salirse con la suya’. En ese caso la suya sería la perra. ¿La suya es la perra?

    No sé. En todo caso sí me salí con la perra. Y entonces pensé en hartas cosas, me gusta las caminatas de noche con la perra. Me acompañan el pensamiento. Pensé en la vida y en eso de ‘es solo una’, y algo así como el camino hacia la muerte debe ser con la curiosidad en la dignidad. Una cosa parecida a la creación, a encargarse de la sinceridad, por esto de tantas mentiras que queremos decirnos para evitar asumir la terrible verdad de un cuerpo con palabra que hace cosas y que habla y entonces todo puede pasar. Pero realmente no sé… En un momento entonces sentí fugazmente que no era tan importante tener una vida, y luego me dije que eso era mentira, que cómo no si era lo único que se tiene. El problema acá es que no sabemos nada. El problema. No el inconveniente, ni la dificultad sino el problema en lo que significa un problema.

    Todo este pensamiento lo ocupó ese salto de la salsa oscura a salirse con la perra. Ahora volví acá a este texto pero ya no suena la salsa negra ni la búsqueda de la salsa negra. Suenan grillos, motores de motocicletas que aceleran bruscamente, motor de camión, de carros que se van disipando después de que cruzan el frente de mi casa. Entra el frío del invierno de una ciudad caliente en la que llovizna y llueve todo el día. La luz está apagada, afuera es oscuro porque es de noche.

    Me pregunto a dónde más podríamos llevar este texto, podríamos quiénes.
    ¿Siento que estoy escribiendo con alguien más? Tengo fe. Es eso.
    Si yo de verdad me convenciera que nadie me leerá este texto ¿nacería?
    Yo sé que no lo verá necesariamente más de una persona pero por alguna razón creo que quizá una persona lo leería. ¿A eso me refiero con podríamos?
    Ahora pienso porque vino a mi cabeza que me refiero a mí solamente.
    Podríamos….Como dos partes de mí que percibo como la que jalona a la escritura la que no….Es estúpido. No estoy segura que sea eso.

    Hace un día hablaba por whatsapp con una ex profesora de la universidad que ahora es mi amiga. Hablábamos de varias cosas, entre esas hablamos de la trascendencia buscada en un hombre y en una mujer. No sé. Ahora me pregunto qué pienso yo de la trascendencia. Confieso que he imaginado cómo alguien muchísimos años después de mi muerte pudiera acceder a este blog que nunca fue muy consultado mientras viví y lee las cosas sencillas que están acá. También he imaginado que personas que no conozco mientras estoy viva por alguna razón llegan a este blog y leen lo que yo escribo, esto último me parece un secreto que tendríamos quienes queremos todavía creer que la escritura y la lectura son de una belleza de otro orden. Esa montaña en otro lado que no juega el juego. Frente a lo primero que dije sobre la confesión de imaginar preguntándome si sería posible que alguien alguna vez muchos años después de mi muerte pudiera leer estas palabras me siento burlada por mí cuando lo confieso, es una pregunta desde una fantasía adolescente, o común. La comunidad de la trascendencia. Jaja.
    Pero qué importa. En todo caso siempre veo que todo el mundo digital de internet es un botadero de basura y basura, me imagino también que algunas cosas se eliminarán con los años porque no habrá espacio para tanto. Pero yo no sé de la nube digital, no sé si eso puede ocurrir.
    No, esta curiosidad mía no parte de una fantasía adolescente. Tiene que ver con la curiosidad de mi mortalidad, el impulso de querer imaginar y saber qué podría venir después de que se deja de vivir, qué ocurre después de perder todo lo que uno tiene que es la vida.

    Me di cuenta que jamás en este blog escribí a modo de diario como este texto sí lo es. Siento que esperé en esta pausa que acabo de hacer, esperé un consuelo, una resolución, una idea para cerrar este texto, también una enseñanza para este momento de mi vida, alguna revelación conclusa. El desconsuelo es el mejor cierre. Ese No. Ese rechazo al juego es lo erótico. Salirse de ese nado agotador. Llegar aquí.

  • Vesubio en casa

    Las paredes de mi cueva están ardiendo
    Astillas rojas encendidas lloviznan,
    hace calor, pero estoy encerrada
    Esta vez mi carne estorba con determinación
    Siento que late el nervio de esta pared
    Y se hincha:  ser vesubio dentro de sí ha sido destino, morir devastado desde dentro, cuánta muerte aguardó