En cada instante hay alguien que se pronuncia, que necesita mostrarle al mundo que está ahí. Y que tiene algo para decir, para afirmar(se).
En esta gran fuerza actual, ¿Cómo no ser tragados por esta compulsión ó cómo no resultar en un silencio y parálisis?
Agujerear un afuera ha sido la decisión política e imaginativa de personas y grupos. Tal vez de los anarquistas, pero también de las mujeres. Y del psicoanálisis. Sí, selecciono lo que más me ha interesado y no todo lo que podría caber dentro de esa gran generalidad que he mencionado.
Maria Milagros Rivera, feminista chilena de la diferencia sexual, en su libro ‘Julia, quiero que seas feliz’ nos introduce a lo que el feminismo de la diferencia sexual y las ‘feministas lúcidas’ abren como posibilidad en el lenguaje pero también en la incitación a la vida vivida como un más allá, un afuera, un agujero que no es un punto aparte de la derrotada civilización hecha a medida de los hombres; es un más allá de, un sitio no cubierto por la sombra totalizante del referente.
Si la mujer que ha dado a luz a la gran potencia del lenguaje no creyera en un más allá, en la realidad que se puede agujerear y que empieza con la palabra gestada dentro de sí y la palabra parida, dada toda hacia afuera, con todo y el terror de ser una madre, una madre para su creación y para el mundo, porque una madre nunca es para ella sola ni para su hijo o hija, es madre para el mundo. La mujer crea y ama desde su potencia de ser madre pues el poder de concebir una vida dentro suyo es una potencia actuante mientras vive, sin importar si tiene un hijos o hijas.
El erotismo que puede irrumpir en medio de este ruido insoportable, enloquecedor y asesino de la paciencia vendrá de la boca de las mujeres. Las muertas y las vivas.
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