Autor: Jessica Alejandra Barrero Castellanos

  • Vesubio en casa

    Las paredes de mi cueva están ardiendo
    Astillas rojas encendidas lloviznan,
    hace calor, pero estoy encerrada
    Esta vez mi carne estorba con determinación
    Siento que late el nervio de esta pared
    Y se hincha:  ser vesubio dentro de sí ha sido destino, morir devastado desde dentro, cuánta muerte aguardó

  • Lectura texto – Figuración- Luis Alberto Spinetta (Almendra)

    Clarence Hudson White – Fotografía

    Esta es una lectura desde mi voz de la composición «Figuración» de Luis Alberto desde Almendra. Esta canción hace parte del álbum Almendra I de 1969.

    ¿Para qué se lee una canción?

    No sé.

    Narcisismo,

    ganas de invocar la palabra de una composición sin el encanto de la melodía

    y ver qué pasa, cómo suenan las palabras

    qué dicen sin la música

    y escucharse a uno mismo pronunciando las palabras de otro

    y ver qué acontece.

  • Unas momias sofisticadas

    Veo una plasta de kilos de carne, astillas de huesos que sobresalen, pelos, ojos, manos, dientes morado-blancuzcos, gigantes
    Veo una inundación de poses quietas, entremezcladas,
    se repite, luego empieza una serie de plasta que parece diferenciarse del otro cuadrante de plasta
    la variación es otra pose más dentro del conjunto,
    también estoy yo acá
    escribiendo aplastada por la plasta, siendo la plasta,
    soy el vómito yo también
    esta noche yo sé quién soy.

  • Época de mierda

    Vivo en una época de mierda
    seguramente esto lo dijo alguien siempre
    Yo vivo en una época de mierda.

    Y son solo instantes apenas en los que abro mis ojos
    mi cuerpo solo siente en fragmentos
    son somnolencias
    las más lúcidas
    me muestran que vivo en una época de mierda

    El resto del tiempo soy una imbécil.

    Estoy idiotizada como tú
    embrutecida
    mi vida se trata de jalar
    otras veces de no resistir
    y luego volver a jalar,
    y en ese pujo, venir acá
    y parir unas palabras

  • Despellejarse

    Me gustaría desterrarme del tiempo
    con insultos a risotadas que contengan
    todas las sinceridades que intenté embolsillarme.
    Que me enjuicies,
    preferiblemente tú,
    con tu mano justiciera
    que se regocija en la crudeza
    me sirvo de ella para sacarme
    esta piel gruesa con la que me cuesta
    arrastrarme hasta mi árbol
    donde señoreo, y elijo a quién ver a los ojos
    para mostrarle
    su próxima caída.

  • Indicar con fuerza: vengarse.

    Venganza. Del latín Vindicare. Vengador, el que indica con fuerza. Perseguir algo con vigor.

    Hay algo que me molesta, se me atraviesa como palabra atorada que pide ser expulsada.

    Es un asunto que está pendiente de ser dicho.

    (El asunto: Una persona copió desde la literalidad varios escritos cortos, o fragmentos de escritos y reflexiones míos. Los tomó como suyos. Se lo mencioné. Esta persona no lo reconoció y mintió. Luego, después de algunos meses lo reconoció con una solapadez infantil insoportable).

    Estoy comprometida en mis días recientes a darle el lugar que le corresponde a los asuntos que siento pendientes: colgados. Pues no es mi intención que queden suspendidos y se agote mi paciencia por mantener tanto tiempo «cosas» en espera.

    Esa palabra atorada necesita para salir una virtud: la venganza. Una que no es burda ni ruin como la promocionada por la cultura de la fealdad.

    En cambio, es una que se me hace deleitosa, que encuentro virtuosa, y permite, al menos, imaginar un alivio.

    Escupitajo para desatorar y hacerse justicia.

    La venganza es un intento por poner a través de la belleza, de la generosidad de la estética la palabra en el lugar que corresponde. Trata de la armonía y no de la moral. Aunque por supuesto hay de quienes le han concedido una moralina útil.

    A veces nos reprime el decir un moralismo patético, una pereza que significa el languidecimiento de lo humano, del lenguaje. Siempre estará a nuestro alcance la posibilidad de decir, de nombrar, y entonces de escoger un camino que no siempre tenga que costar el sacrificio libidinal que supone abstenerse de decir para buscarse la justicia.

    Temer ser hablante.

    Pensé en las disculpas de esa persona. (Que además ocurrieron después de varios meses de haber mentido diciendo con indiferencia que quizá habían cosas que escribía que se parecían a mis escritos).

    Y entonces me imaginé, como en otras ocasiones, que escribir sobre esto era inútil y mala cosa y vino esta frase a mí: «Pero qué más quieres, ya te pedí disculpas». Es una frase genérica contenida implícitamente en las disculpas que sabe dar la gente. La imaginé yo, no me la dijo esa persona.

    Fue un reproche que me hice yo al estar escribiendo esto. Otra vez la languidez del lenguaje que es languidez ética.

    Crecimos aprendiendo que las palabras se usan para callar.

    Callar dilemas, personas, ideas, llamados. Al final, para reprimir el lenguaje, para reprimir la posibilidad de una erótica.

    Decir para callar.

    Lo que sea necesario con tal de no ponernos en el incómodo lugar de ser adultos, humanas y humanos que pueden nombrar.

    Idiotizarse, alienarse…¿A qué? ¿A qué se resiste uno cuando elige actuar como quien no puede entender? A ser el idiota que no puede hablar.

    Qué pasa cuando nos precipitamos a ese abismo percibido
    de nombrar.

    Distingo nombrar de parlotear.

    La relación que ha propuesto la cultura con la palabra es la de parloteante no hablante.

    Relación perezosa, aburrida, obligada.

    ¿Qué puede construirse allí si no un continuo parlotear para callar algo más, un algo que supondría revestir la palabra para aproximarse a una comprensión, es decir, un algo que incomodaría la tan deleitosa languidez en la que se ha elegido habitar.

    Creo que el corazón de esto tiene que ver con el narcisismo. Que no importe la palabra de otra de otro, ni la justicia de cómo otros nombran el mundo, ni el cuidado por el lugar de la propia manera de decir el mundo, la pereza incuestionada del parlotear.

    La mentira, además, de la figura narcisista, que finge no entender qué le corresponde. Como un adulto infantilizado por sí mismo.
    Que se embrutece en su insistencia de ser lo que no puede ser.

    ‘En verdad, la mentira es un vicio maldito. No somos hombres ni estamos ligados los unos a los otros más que por la palabra. Si conociéramos todo el horror y peso de la mentira la perseguiríamos a fuego con mayor justicia…’

    –Montaigne – De los mentirosos.

  • Sobre el silencio para siempre.

    Abandonarse a sí mismo

    en espera de la muerte.

    Perderse en la imagen.

    La espera: abismo suspendido en el silencio de un no tiempo.

    Espacio de descomunión

    entre el cuerpo y la tierra

    ¿Es un puente?

    La muerte: El llamado.

    La tierra. La posibilidad de no tener más cuerpo.

    La tumba abierta espera el cuerpo para poder cerrarse.

    El abandono, la espera, la muerte, el cuerpo, la tumba

    pudieran aparecer en otro orden,

    integrarse diferente en su propio sueño

    ¿Lo harán?

    Todos objetos amontonados, se bordean unos con otros,

    parecen un abrazo que recuerda lo insobrepasable del límite: la frontera.

    Pero también: lo indistinguible que se vuelve lo que está puesto junto

    De los cúmulos viene la plasta uniforme

    ¿O la imagen?

    ¿Quién ve?

    Un reloj aparece, suena fuerte porque alguien espera

    cuando se oyen mejor los objetos abandonados el tiempo parece cierto

    Escuchar lo desintegrado

    la mirada no logra hacerse una imagen completa

    ¡Qué montaña de fragmentos!

    Parece que la única forma de integrar es integrarse en la imagen.

    Aparece la tumba,

    un cuerpo que la observa

    y un llamado al alivio de hacerse una imagen completa.

  • Del instante de lo infinito

    El vacío es

    Este paso que doy ahora

    no va a pasar

    está ocurriendo

    por eso siento

    la caída

    por dentro

    Hola vacío

    tan temido

    No sabía

    que estaba ahora mismo

    aquí

    El espanto

    Será mi calma,

    Mi alivio

    Un suelo

    Al fin

    Lo que temo es estar cayendo

    No la caída

    Si siento el vacío es porque ya di el salto

  • El propio apocalipsis

    El llamado: Los ángeles tocando las trompetas. Es hora de no resistirse al propio apocalipsis, es decir, a la propia grandeza. Vacío, infierno, eterno.