Autor: Jessica Alejandra Barrero Castellanos

  • marzo y la búsqueda

    La quietud del cuerpo me lanzó a un lugar
    A la orilla del lago, acurrucada, frente al agua
    Abajo de mí un reflejo que vibra y me devuelve una pregunta cada vez que me veo.

  • Cuando nos nombramos amenazamos con destruir el mundo pues amenazamos al hombre.

    De repente sospechar de la idea de empoderamiento y liberación sexual con la intención de nombrarnos y descubrir nuestro deseo y existencia por fuera del encapsulamiento en la masculinidad se convierte en mojigatería. En definitiva, buscar otro lugar de enunciación fuera de la masculinidad, es para esta cultura la negación del disfrute masculino. La castración al hombre. Ningún otro recurso que tratarnos (con mucha condescendencia) y afirmar que negarnos a la idea de placer masculinista es negarnos al placer mismo. Esto ocurre porque como lo dice Margarita Pisano, la feminidad no existe por fuera de la masculinidad. Son una adentro de la otra. Al preguntarnos por nuestro propio deseo estamos intentando deshabitar el ya resuelto destino de nuestro placer propuesto por los hombres. Esas personas que llaman mojigatas y puritanas a las mujeres abolicionistas y se autodenominan seres liberados sexualmente están dicotomizando a las mujeres como tradicionalmente lo ha hecho el moralismo cristiano misógino que alardean no poseer. Puritanas o deshinibidas. Su dicotomía no podría ser más pobre. Las puritanas hoy son las que quieren explorar un deseo y un cuerpo que no implique la colonización vigilante del deseo y dominio masculino, que es el ojo del capitalismo también. ¿Muy difícil? Sí. Lo ha sido. ¿Imposible? Nosotras tenemos toda el hambre salvaje acumulada desde hace siglos, degollamos sin pensarlo al deseo que nos obstruya nuestra tierra caliente, el goce de nuestro cuerpo liberándose. Esto no es nuevo. Muchas mujeres llevan siglos buscando conocerse por fuera de la sombra del pene. Ocurre que el poco interés que, de forma generalizada, se ha tenido por la genealogía feminista; hace que, como lo dice Adrianne Rich «Toda la historia de la lucha de las mujeres por su autodeterminación ha quedado sepultada bajo el silencio una y otra vez. Un grave obstáculo cultural con el que se topa cualquier autora feminista es la tendencia a recibir cada obra como si surgiera de la nada; como si cada una de nosotras hubiera vivido, pensado y trabajado sin un pasado histórico y sin el contexto de un presente. Este es uno de los procedimientos por los que las obras y el pensamiento de las mujeres se han presentado como algo esporádico, accidental, huérfano de tradición propia(…) Y del mismo modo es atacada o menospreciada también ad feminam cada teórica feminista contemporánea, como si sus ideas políticas fueran simplemente fruto de un estallido de resentimiento o de rabia personales» (1972).Tal vez, si escucháramos más a las mujeres y abriéramos mejor los ojos y sospecháramos del enriquecimiento y fortalecimiento que le supone a la industria la idea de liberación sexual tan promocionada y alentada hoy; sabríamos que ningún puritanismo se ha despertado en nosotras, ni ningún afán por racionalizar el sexo y tirarnos sus divertidas fantasías. Tal vez, si no hubiéramos enterrado las ideas de feministas y de mujeres que desde hace siglos escriben sobre cómo la idea del deseo sexual universalizada nos ha oprimido a nosotras, en vez de únicamente escuchar las teorizaciones sobre el deseo de psicoanalistas entenderíamos que para nosotras no existe la comodidad del todo está hecho. Del destino sin fuga. La posibilidad de imaginar un más allá es para nosotras la única forma de ser enunciadas. De no tener que vivir la violenta contradicción de vivir bajo la sombra de un cuerpo masculino para poder existir.

  • Esa pregunta es mi certeza

    Fotografía de Alfred Stieglitz

    Hay días en que me consumo en una sola pregunta

    Y qué tal si lo único que importara es escribir

    Dejarse alcanzar por la garra y escribir

  • Ausencias

    Te escondes asomando sombra

    La piel de cara al sol

    Un trazo oscuro encara el mundo

    Eso dejas siempre: un indicio

    La mordida de los colmillos que han sido clavados

    La hendidura del dedo que apretó en la llaga

    El aroma de la piel que del otro lado quema el calor

    Todo esto es un intento, no de ver sino de leer

    poner el ojo sobre la ausencia que es la sombra misma

    Para entender el lugar de lo que se ha ido

    La sombra es la promesa de que hay algo del otro lado

    por observar

  • No hay símbolo

    En la noche pongo mi cara contra la almohada

    Me preparo para recibir el símbolo

    Ya no me acuerdo

    Cada noche es un nuevo cráneo el que se hace bosque

    Me desnudo y río

    Pues no hay cráneo ni bosque

    Hay un canto que sale, gime el silencio y dice: nada para mí.

    Esta noche no habrá sueño ni palabra

    No habrá nada para mí

  • Los libros

    Hoy, especialmente hoy en la noche
    he recordado los orígenes de mi encuentro con los libros
    Esos actos de la voluntad que florecieron desde adentro de mí hacia afuera
    Genuinamente una criatura que me habitaba
    Que quería y me pedía
    Esto fue mío
    Llegó y se quedó como una pequeña salvación
    A veces furia y dolor invitando a sacrificarlo todo
    A veces solo la contemplación de una imagen que me daba el libro
    otro lugar para estar, una promesa. Imágenes que arrullaban y soplaban
    La caricia sincera
    La caricia en los ojos
    La tibieza adentro de ellos
    Recuerdo en esta noche mis pequeñas salvaciones,
    Me siento agradecida de haber recibido la caricia suya como el beso en mi juventud

  • Paseo

    Decido salir
    entonces mi angustia es la distancia entre mi interior y el afuera
    Todos los kilómetros que me esperan para llegar al ruido. Esa visión me asusta.
    Me siento como en ensueño, como una intromisión en el lugar
    ¿Eso no es el sueño? Pura ausencia
    Estar atrapada en el interior del cuerpo de un lugar
    Ser tragada por él
    Y luego aparecer como un símbolo adentro suyo.

  • Pictoralismo

    Julia Margaret Cameron
    (1815- 1879)