De repente sospechar de la idea de empoderamiento y liberación sexual con la intención de nombrarnos y descubrir nuestro deseo y existencia por fuera del encapsulamiento en la masculinidad se convierte en mojigatería. En definitiva, buscar otro lugar de enunciación fuera de la masculinidad, es para esta cultura la negación del disfrute masculino. La castración al hombre. Ningún otro recurso que tratarnos (con mucha condescendencia) y afirmar que negarnos a la idea de placer masculinista es negarnos al placer mismo. Esto ocurre porque como lo dice Margarita Pisano, la feminidad no existe por fuera de la masculinidad. Son una adentro de la otra. Al preguntarnos por nuestro propio deseo estamos intentando deshabitar el ya resuelto destino de nuestro placer propuesto por los hombres. Esas personas que llaman mojigatas y puritanas a las mujeres abolicionistas y se autodenominan seres liberados sexualmente están dicotomizando a las mujeres como tradicionalmente lo ha hecho el moralismo cristiano misógino que alardean no poseer. Puritanas o deshinibidas. Su dicotomía no podría ser más pobre. Las puritanas hoy son las que quieren explorar un deseo y un cuerpo que no implique la colonización vigilante del deseo y dominio masculino, que es el ojo del capitalismo también. ¿Muy difícil? Sí. Lo ha sido. ¿Imposible? Nosotras tenemos toda el hambre salvaje acumulada desde hace siglos, degollamos sin pensarlo al deseo que nos obstruya nuestra tierra caliente, el goce de nuestro cuerpo liberándose. Esto no es nuevo. Muchas mujeres llevan siglos buscando conocerse por fuera de la sombra del pene. Ocurre que el poco interés que, de forma generalizada, se ha tenido por la genealogía feminista; hace que, como lo dice Adrianne Rich «Toda la historia de la lucha de las mujeres por su autodeterminación ha quedado sepultada bajo el silencio una y otra vez. Un grave obstáculo cultural con el que se topa cualquier autora feminista es la tendencia a recibir cada obra como si surgiera de la nada; como si cada una de nosotras hubiera vivido, pensado y trabajado sin un pasado histórico y sin el contexto de un presente. Este es uno de los procedimientos por los que las obras y el pensamiento de las mujeres se han presentado como algo esporádico, accidental, huérfano de tradición propia(…) Y del mismo modo es atacada o menospreciada también ad feminam cada teórica feminista contemporánea, como si sus ideas políticas fueran simplemente fruto de un estallido de resentimiento o de rabia personales» (1972).Tal vez, si escucháramos más a las mujeres y abriéramos mejor los ojos y sospecháramos del enriquecimiento y fortalecimiento que le supone a la industria la idea de liberación sexual tan promocionada y alentada hoy; sabríamos que ningún puritanismo se ha despertado en nosotras, ni ningún afán por racionalizar el sexo y tirarnos sus divertidas fantasías. Tal vez, si no hubiéramos enterrado las ideas de feministas y de mujeres que desde hace siglos escriben sobre cómo la idea del deseo sexual universalizada nos ha oprimido a nosotras, en vez de únicamente escuchar las teorizaciones sobre el deseo de psicoanalistas entenderíamos que para nosotras no existe la comodidad del todo está hecho. Del destino sin fuga. La posibilidad de imaginar un más allá es para nosotras la única forma de ser enunciadas. De no tener que vivir la violenta contradicción de vivir bajo la sombra de un cuerpo masculino para poder existir.
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