Autor: Jessica Alejandra Barrero Castellanos

  • Parálisis

    El que asusta ha asomado su cabeza por la misma puerta. Ha preguntado si puede entrar.
    No hace fuerza, pregunta.
    Tiene más violencia su pregunta que sus manos.

    Alcasba

  • Mujer y toro

    Me sostengo de tu cuerno, toro blanco
    Te lanzas sobre el río que te gusta
    y yo tengo miedo de sumergirme en el agua
    Pero me sostengo de tu cuerno
    Hundes tu cabeza, lo que me abalanza hacia adelante
    Me inclino ante el agua, veo fijamente mi reflejo
    Y dentro de mi reflejo veo tu cabeza
    parece una montaña con dos troncos gigantes: son tus cuernos
    Mis manos: aves posadas sobre ellos.

    Alcasba.

  • Salivando

    Este amor es una boca que todo el tiempo está yendo hacia su bocado
    que va y va salivando,
    va mostrando el orificio oscuro que es su apertura,
    La boca es la invitación.
    su apertura sugiere.
    La boca nos alcanza a nosotros
    antes de alcanzar su bocado,
    toma hacia dentro de sí un poco del viento para amamantarse: nos succiona.
    Ya adentro de la boca
    la lengua flamea mientras sudamos sobre ella pegados y desnudos.
    Es la bandera de nuestro sudor.
    Debajo de la lengua nos acurrucamos y hablamos,
    Hablamos dentro de la boca y sobreabunda la palabra.

  • ?

    ¿En qué se convierte una pregunta cuando ya ha sido lanzada muchas veces?
    Quizás en mi cuerpo. Pues lanzar de nuevo la pregunta es lanzarme con ella.

  • 13 de enero 2020

    Soplar sobre un objeto que no ha sido tocado nunca, es el preludio de una nueva inquietud.Poner los ojos por primera vez sobre palabras escritas por el otro es arriesgarse a algo, a algo salvaje.
    A una concepción y a un parto. El cuerpo es alcanzado por la palabra, es confrontado, una vez le vemos a los ojos algo se comienza a revolcar adentro. Y entonces una nueva inquietud acompaña.
    Esbozarle a las palabras un rostro, un espíritu, un cuerpo; resulta también doloroso.
    El deseo de alcanzar a ver un poco lo que está detrás de las letras, que es quien las escribe, puede hacer que veamos a quien no queremos ver.
    La palabra es agonía.

  • Justicia

    El vapor de mi sangre lloverá sobre sus rostros
    Correrán para que mi grito no les reviente la cabeza
    Dolerán sus horas más que sus cuerpos cuando observen lo que apresaron

  • Dios es la familia

    Voy en un bus, voy de pie. Diagonal a donde estoy se encuentra una mujer sentada con un niño de unos 3 años sobre sus piernas. Entiendo que es su hijo.
    Lo veo con ternura, me hace sentir esperanza: como la noción de que sobre él no se ha dicho todavía mucho, no lo suficiente, como la expectativa sobre qué se escribirá sobre ese cuerpo. Pero más allá de la esperanza que se pone sobre el futuro, sobre lo que todavía no se ve llegar, era tranquilidad del presente. De que no hubiera más, sino solo eso. Es sencillo: El mundo sólo se ha posado sobre él durante un par de años.Su madre hablaba por celular, en un momento le dijo al niño: -Salude. Y le puso el teléfono en la oreja. El niño escucha indiferente lo que le dicen por el teléfono y comienza a balbucear. Entonces su madre le quita el teléfono y se lo pone en la oreja de ella nuevamente y dice: -Él no quiere hablar. El niño continúa viendo entretenido por la ventana. Yo sonrío porque me pareció todo un acontecimiento que un niño a los 3 años, que nisiquiera puede ir solo en una silla de un bus, se las arregló para ejercer un acto voluntario en contra de lo que su madre le solicita: Balbuceó cuando pudo haber hablado (porque según noté ya hablaba con suficiente claridad) y se rehusó a hablar porque simplemente le parecía más interesante ver por la ventana y señalar cosas de la calle. Ahora mi atención se va hacia la discusión que empiezo a escuchar que tiene la madre del niño con una persona por el teléfono. Empieza a hablar de una mujer al parecer joven, a quien su madre le pone muchos problemas por cualquier labor que emprende. Decía que había tenido que hacer unas prácticas en Profamilia y que su madre no estuvo de acuerdo con ello y le sugirió que no lo hiciera porque eso no estaba bien. Entonces la mujer insistía en que no estaba haciendo nada mal, y continuó en profamilia pero eso le generó grandes inconvenientes con su madre, quien según mencionó la señora que hablaba por el teléfono, le prohibía todo. La señora que va en el bus comienza a decir:-Ella anoche estuvo en mi casa y chilló mucho contándome cómo estaba de aburrida porque la mamá no estaba contenta con nada. Y dijo que se quería ir lejos. Entonces yo le dije: usted puede irse con su hijo. Mire cuántas madres solteras no salimos adelante con nuestros hijos. Váyase, váyase con su hijo que usted puede. Demuéstrele que sí puede. Usted tiene es miedo. Yo sin conocerla podía sentir cuánto le costaba irse lejos de su madre, cuánto miedo tenía de dejar su casa y sabía también cuánta angustia podría estar sintiendo de imaginarse la vida sin la madre, porque a pesar de que ella estuviera representándole una zancadilla para constituirse en una mujer libre, terminó creyendo lo que su madre sugería con su represión: Que ella no podía tomar decisiones, entonces si un día se atrevía a ser una mujer independiente fracasaría. Le instaló la idea de lo que es irremplazable, que es la idea de Dios. O sea, de la omnipresencia: los ojos en todos lados, la torpeza de saberse observada, la ineptitud de saber que algo más grande que sí tiene el control y el poder.A diferencia de la sensación de esperanza y de alivio que sentí al pensar en el niño de tres años. Con la mujer de quien hablaban por teléfono, sentí el peso de su historia: la condena obesa y pesada que acostumbra a alimentarse del tiempo que escribe sobre los cuerpos reiterativamente una verdad: la que se va instaurando en el tiempo y espacio que una/o va ocupando. Lo que tenemos escrito sobre el cuerpo se puede ir convirtiendo en una sombra invasiva, de manera que sobre lo venidero ya ni siquiera va siendo necesario un acto de creación, porque la sombra le ha alcanzado y se ha reflejado sobre lo que no ha llegado. El designio es precoz. “Todo está hecho” dice el acto y su sombra: bajo la que reposamos de la luz el séptimo día.