13 de enero 2020

Soplar sobre un objeto que no ha sido tocado nunca, es el preludio de una nueva inquietud.Poner los ojos por primera vez sobre palabras escritas por el otro es arriesgarse a algo, a algo salvaje.
A una concepción y a un parto. El cuerpo es alcanzado por la palabra, es confrontado, una vez le vemos a los ojos algo se comienza a revolcar adentro. Y entonces una nueva inquietud acompaña.
Esbozarle a las palabras un rostro, un espíritu, un cuerpo; resulta también doloroso.
El deseo de alcanzar a ver un poco lo que está detrás de las letras, que es quien las escribe, puede hacer que veamos a quien no queremos ver.
La palabra es agonía.

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