Me gustaría desterrarme del tiempo
con insultos a risotadas que contengan
todas las sinceridades que intenté embolsillarme.
Que me enjuicies,
preferiblemente tú,
con tu mano justiciera
que se regocija en la crudeza
me sirvo de ella para sacarme
esta piel gruesa con la que me cuesta
arrastrarme hasta mi árbol
donde señoreo, y elijo a quién ver a los ojos
para mostrarle
su próxima caída.
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